Murcia que rica eres: Membrillas con rama

Membrillas con rama

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90x70cm óleo alla prima
Descripción
Cuadro realizado con oleo y auarela sobre lienzo tratado, usando la tècnica alla prima. 
  
Representa unas membrillas que el artista suele consumir en Septiembre y Octubre que es cuando esta fruta está en temporada. Son frutas a las que el artista tiene un gran cariño por su arraigo a la huerta de Murcia y porque son junto a los higos de pala sus frutas favoritas.
 
Digo membrillas porque aunque una gran parte de la población lo desconoce existen tanto los membrillos como las membrillas.
Aunque membrillos hay en muchas partes del mundo, membrillas es una fruta autóctona de Murcia.
Se diferencia del membrillo en que es mas carnosa y mas suave al gusto, frente al membrillo que es mas pequeño, mas aspero y mas aromático. Mientras que la membrilla la puedes comer como una manzana, el membrillo es demasiado aspero.
 
Dicen las personas mayores, que quien sabia hacer un buen  dulce de membrillo, o carne de membrillo, que es lo mismo pero dicho de otra manera, usaba mitad de membrillos y mitad de membrillas ya que mientras uno aporta el sabor y el aroma, la otra aporta la suavidad y la carnosidad.
Visualmente la membrilla es de piel suave, de colores amarillos recubierta de una pelusilla de color ocre que se cae al pasarle la mano.
 
Y en este punto me remito a una publicación en el diario La Verdad:
 
 
 
Membrillos hay en todas partes. Sobre todo, en la política. Membrillas, en cambio, sólo pueden encontrarse en Murcia. Sobre todo, en las orillas de los azarbes. Y en la política, también.
Pero no es de los membrillos ni de las membrillas en plan metafórico de lo que va este desahogo tardoveraniego, sino de esa peculiaridad murciana que es la membrilla murciana. Una maravilla de la naturaleza en proceso de extinción.
Como murcianismo figura en el 'Diccionario de Autoridades' (1734), sugiriendo una doble lectura a los imaginativos: «La membrilla es el membrillo tierno con pezón». Lo cual que si a 'un bachiller en playas' que no esté en el secreto del arcano se le pregunta en plan acertijo qué es 'un membrillo tierno con pezón' responde cualquier cosa menos que 'una membrilla'.
Añaden los diccionaristas que membrilla «es voz usada en el Reino de Murcia». Y hasta se permiten el lujo, tan doctos ellos, de traducirla al latín: 'Cotoneum tenerum'. Honor que, en tiempos recientes, ni siquiera ha merecido aquí nuestro muy honorable sobreacequiero mayor Valcárcel.
Salvador Jacinto Polo de Medina (1603-1676), que con tan florido nombre no le quedó más remedio al hombre que dar en poeta, nos legó un deleitoso pareado que anticipa la antigüedad de la membrilla al siglo XVII:
Membrillas calientes del horno.
Espolvoreadas de azúcar.
Golosa estampa ahitada por Alberto Sevilla, tras definirla como «variedad de membrillo achatado, de piel blanca, con tinte amarillo, cubierto de pelusa, que desaparece al rozarla con la mano; pedúnculo grueso y muy adherente; pulpa jugosa, fina y dulce». Más la filípica de Fr. Pedro Morote: «Las membrillas son muy suaves para el gusto. No se pueden guardar, porque con poco golpe se corrompen luego». Y el pasaje doméstico de Lope Gisbert, en su novelica 'Luz': «Tráete la mejor membrilla que encuentres», dijo la tía Rosa a su yerno. «Y le trajo a su hija», valga la coda con coña. Quede, pues claro, que del tiempo de la nana viene la murciana ciencia membrillera. A lo cual cumple añadir que para los de mi generación (nacionalcatolicista por 'cohones') había dos tipos de membrillas, igualmente deleitosas: las frutales, que nos feriaban en el Parque de Ruiz Hidalgo y nos comíamos a bocados; y las flotantes, que nos inspiraban versos irreproducibles al contemplar (a hurtadillas) en las rubias acequias el remojón en viso de nuestras vecinas.
El abuelo ponía el tablacho en el 'partior' para que la acequia demorara su curso y subiera como la masa de pan tocada con la creciente. Y, tras limpiarla de impurezas, la sembraba a voleo con frutos estacionales. Era el momento del inolvidable baño edénico en aquella especie de acuarela sonreída de juncias, ciruelos, membrilleras y mil y un árboles frutales. Primero, los niños para que no vieran lo que no se debe ver: las púberes en braguitas escoltadas por sus madres en camisón. Preludio todo ello de la gloria divina del chapuzón general.
Participar en aquellas albercas era paraíso. Y mordisquear, entre chapuzones, las membrillas sembradas en las acequias nuestro inocente modo de iniciarnos al misterio de la vida. A veces, Venus-Myrtia (a la que Murcia acaso deba el nombre) desplegaba sus gracias y poderes para que en el baño acequiero las membrillas accesibles se mezclaran con las acuciosas.
Pese al mucho tiempo transcurrido, a los agraciados por el venturoso azar en la rueda de la fortuna aquella no se nos va de la melondra la petera de que el dulce sabor de la membrilla fresca no lo supera la asada.
 
 
 
 
 
Fecha de publicación: Septiembre de 2018
Técnica: Óleo sobre lienzo tratado ralizado alla prima
Medidas: 90 x 70cm
Exposiciones: Murcia 4.0 de la huerta a la mesa en Santomera.
 
Sesión única
 
membrillas 1

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